
Todo comenzó como un presunto asalto contra un empresario en la avenida Huayacán, pero en cuestión de segundos la escena se convirtió en una persecución de película, con balazos, agentes lesionados, patrullas por todos lados y un sicario herido que parecía decidido a no dejarse atrapar.
Dos hombres en motocicleta habrían interceptado a su víctima creyendo que cometerían el atraco y escaparían sin problemas. Sin embargo, por el lugar pasaba Josué Cárdenas, mando del área de Narcomenudeo, acompañado por sus escoltas.
Los agentes intervinieron y entonces comenzó el caos.
Uno de los presuntos delincuentes sacó un arma y disparó contra los elementos de la Fiscalía. Uno de los escoltas resultó herido y, en medio de la confusión, Josué Cárdenas habría sido impactado por un automóvil que circulaba por la zona.
El atacante también recibió un disparo en una pierna. Cualquiera habría pensado que ahí terminaría la persecución, pero no fue así.
Herido, sangrando y con decenas de policías detrás, el sicario logró escapar. Avanzó varios kilómetros, burló el primer cerco de seguridad y obligó a las corporaciones policiacas a desplegar alrededor de 20 patrullas para detenerlo.
Mientras las unidades recorrían avenidas y cerraban accesos, el hombre seguía avanzando, como si la herida no fuera suficiente para frenarlo.
La persecución se extendió por aproximadamente 10 kilómetros. El sospechoso logró mantener en jaque a los uniformados hasta que la pierna finalmente le cobró factura.
Sin fuerzas para continuar, fue rodeado y acorralado por los agentes, quienes consiguieron detenerlo después de un aparatoso operativo.
La escena dejó una pregunta inevitable entre los testigos: ¿cómo pudo un solo hombre, herido de bala, burlar durante varios kilómetros un cerco formado por decenas de policías?